Estoy probando no optimizar todo (y es incómodo)
Nunca me he identificado con la palabra "perfeccionista", aunque actualmente eso es, técnicamente, lo que soy. Me di cuenta este año de por qué esa palabra no funciona para mí: casi nunca espero la perfección.
Soy una persona muy imaginativa. Visualizo lo que quiero lograr en el futuro y casi siempre es una visualización con defectos. O sea, no es perfecta. Por ejemplo, cuando me veo a mí misma en el futuro hablando español, que es mi segundo idioma, tengo acento y cometo errores gramaticales sutiles. Nunca veía esa imagen como la "perfección", ¡porque sigo cometiendo errores en ese mundo!
El entendimiento clave para mí fue cuando se me ocurrió que las expectativas "no perfectas" pueden funcionar igual que las expectativas "perfectas". Esas expectativas "no perfectas" siguen siendo idealistas y también crean esas historias tóxicas que nos contamos los perfeccionistas. "Estoy dedicando tantas horas a esto y sigo sin notar ninguna mejora". "¿Por qué sigo cometiendo errores vergonzosos? Ya aprendí esto". "Esto está 'bien', pero podría ser mejor".
Además, cuando mis amigos o compañeros me decían "no tiene que ser perfecto”, yo respondía: "¡Ya lo sé! ¡No estoy intentando que sea perfecto!"
Por eso, y a partir de este entendimiento, estoy empezando poco a poco a integrar la práctica de no optimizar todo.
Estoy empezando con mi rutina diaria. Estoy identificando qué es "suficiente" o cuál es el "mínimo" en las cosas que tengo que hacer (ejercicio, trabajo, limpieza, etc.).
Segundo, estoy probando escribir entradas en este blog sin presionarme para escribir sobre ciertos temas, cierto número de palabras ni editarlas demasiado. He tenido el deseo de empezar a bloguear, pero no lo he logrado por la imagen "ideal" de lo que quiero que sea este blog.
Mi nueva expectativa es que sea lo que sea.